Arthur Rimbaud es, sin duda, uno de los poetas más importantes de las letras francesas. Su obra, poco conocida durante su vida, adquirió gran relevancia después de su muerte y durante todo el siglo XX influenció a innumerables poetas, escritores, músicos, y artistas de todo el mundo.

Nacido en 1854 en Charleville, al noreste de Francia, Rimbaud comenzó su carrera literaria extremadamente joven. Con escasos once años ya compone poemas en latín fluido para el colegio, además de comenzar a escribir su propia obra poética en francés. Entabla una relación cercana con su profesor de retórica, quien lo alienta a seguir leyendo y escribiendo, lo cual lo ayuda a superar el clima estricto de su casa materna.

Aunque en un comienzo su obra está cerca de los llamados Parnasianos, con el paso del tiempo Rimbaud comienza a acercarse a los primeros decadentistas, particularmente a Baudelaire, a quien admira muchísimo. Sin embargo fue el poeta Paul Verlaine quien lo acogería en París cuando, con sólo 16 años de edad y después de múltiples intentos de fuga de su hogar, lograra finalmente instalarse en la tumultuosa capital francesa.

Allí pasaría a formar parte del círculo literario de avanzada de la época, y llegó a conocer a algunos de sus héroes, como Víctor Hugo y el principal exponente de los parnasianistas Théodore de Banville, en cuya casa llegó a alojarse. Allí Rimbaud desarrolló el estilo por el cual llegaría a ser reconocido, una obra altamente visionaria que encajaba a la perfección con el clima literario de la vanguardia parisina, dominado por simbolistas y decadentistas.

Luego de una tumultuosa y a veces violenta relación con Verlaine, Rimbaud escribiría sus únicas dos obras editadas, “Una temporada en el infierno” e “Iluminaciones”, ambas altamente influyentes, especialmente en el surrealismo y la primera poesía moderna. Con sólo 19 años de edad, abandonó para siempre la literatura y se dedicó a viajar por el mundo, y murió a los 37. Por esto, aun hoy es conocido como “el poeta adolescente”.