Arthur Rimbaud, también conocido como “el poeta adolescente”, no sólo comenzó su carrera literaria extremadamente joven, sino que también la llevó a su fin del mismo modo, abruptamente y con sólo 21 años de edad. Por esto, el poeta dejó una obra de corta duración pero de gran valor, impetuosa y revolucionaria, consecuente con su espíritu adolescente y con la época en la que le tocó vivir, la Francia de fines del siglo XIX.

Rimbaud es conocido principalmente por sus dos libros, ambos escritos antes de cumplir los 21 años, “Una temporada en el infierno” e “Iluminaciones”. Pero también, además de varios poemas sueltos y muchísimas cartas, pasó a la historia de las letras por su idea, revolucionaria y osada, que equiparaba al poeta con un “vidente”, quien debía poder ver en lo más profundo del alma humana.

Rimbaud incluso desarrolló algo así como un método, explicado en algunas cartas, acerca de cómo los poetas debían llevarse a sí mismos a los extremos en sus vidas, al “desorden de todos los sentidos”. Según el joven poeta, quien apenas contaba con 17 años en ese momento, para llegar a ser un “vidente” era imprescindible experimentar las formas más extremas “de amor, de sufrimiento, de locura”. Aunque muchas de estas ideas son características de la época y del movimiento literario al cual Rimbaud pertenecía, y aunque la influencia de Charles Baudelaire es clara, fueron verdaderamente innovadoras para su momento.

De este modo, la poesía simbolista de Rimbaud estuvo de alguna manera adelantada a su tiempo. Múltiples generaciones de escritores, poetas y artistas reconocerían la influencia de sus ideas y su escritura, desde los Dadaístas y Surrealistas algunas décadas más tarde, hasta los miembros del movimiento Beatnik de los años sesenta. Incluso la generación Punk, tanto inglesa como norteamericana, reconocería su importancia, desde Patti Smith y Tom Verlaine, hasta John Lydon y Crass.